sábado, 23 de abril de 2011

Tradiciones de Semana Santa

No soy ni remotamente fanático de las tradiciones de Semana Santa, pero gracias a la ayuda de una amiga me he encontrado con dos tradiciones curiosas, una bastante sana, la otra...no tanto.




Empezemos:

La Quema del Judas.

En diversos países de Latinoamérica, y en España, existe la tradición de crear un muñeco que representa a la figura de Judas Iscariote. Normalmente, se le quema el Sábado Santo, o el Domingo de Resurrección. En algunos casos se le realiza un "juicio" en el cual se le acusa de todos los males del pueblo en cuestión, y posteriormente se le quema. En algunos pueblos, la celebración coincide con viejas tradiciones paganas, adaptadas por la Iglesia.

También se le suele apedrear, colgar, colocar carteles alusivos a la situación social-política de la región en cuestión, la foto de algún político...etc.

No obstante, pese a que en algunos lugares se celebra casi sin conocimiento de su significado, en otros lugares, Venezuela por ejemplo, se mantiene esta tradición casi totalmente activa. Normalmente, con esto cierran el periodo de Cuaresma,


La Crucifixión en Filipinas

En San Pedro de Cutud, en Filipinas,(único país católico de Asia), hace 51 años, se hace la representación del Via Crucis, pero desde 1992 se hacen crucifixiones verdaderas, en las que se clava a la cruz a 3 o más voluntarios, que cargan con una cruz de madera de 50 kg. hasta el lugar donde han de ser crucificados. Mientras, los fieles se azotan con bambúes y otros instrumentos.

Hay casos en que los hombres, sometidos voluntariamente al dolor, repiten este acto por años, llegando a ser en algunos casos hasta 10 años sucesivos pasando por este rito. Luego de que están aprox. 10 minutos clavados, se les baja y son llevados a una enfermería donde se les desinfecta las heridas de las manos y las de la espalda, autoinflingidas según ellos para "soportar mejor el dolor".

La Iglesia ha manifestado, como de costumbre, su oposición a estas prácticas, que sin embargo se siguen realizando sin mayor problema.
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Por supuesto en otras localidades hay cantidades increíbles de tradiciones, que abarcan supersticiones, apariciones de espectros, fantasmas, demonios, influidas quizás por los viejos ritos paganos. Esto fue solo un pequeño lapsus de acercamiento a las costumbres religiosas del mundo.


Hellsing
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Vendrán las lluvias suaves....

Uno de los mejores relatos de ciencia-ficción que he leído, proveniente de las "Crónicas Marcianas" de Ray Bradbury; acerca de la guerra nuclear, y como el mundo, sigue andando, pese a nuestra desaparición.

Disfrútenlo.

"Vendrán las lluvias suaves”
Ray Bradbury
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En el living, cantaba el reloj con voz: "tic-tac, las siete, arriba, ¡las siete!" como si temiera que nadie se levantara. Esa mañana la casa estaba vacía.
El reloj continuó con su tic-tac, repitiendo y repitiendo sus sonidos en el vacío. "Las siete y uno, el desayuno, ¡las siete y uno!"
En la cocina, el horno del desayuno dejó escapar un silbido y arrojó de su cálido interior ocho tostadas perfectamente hechas, ocho huevos perfectamente fritos, dieciséis tajadas de panceta, dos cafés y dos vasos de leche fresca.
"Hoy es 4 de agosto de 2026", dijo una segunda voz desde el cielo raso de la cocina, "en la ciudad de Allendale, California". Repitió la fecha tres veces para que todos la recordaran. "Hoy es el cumpleaños del señor Featherstone. Hoy es el aniversario del casamiento de Tilita. Hay que pagar el seguro, y también las cuentas de agua, gas y electricidad".
En algún lugar dentro de las paredes, los transmisores cambiaban, las cintas de memorias se deslizaban bajo los ojos eléctricos.
"Ocho y uno, tictac, ocho y uno, a la escuela, al trabajo, corran, ¡ocho y uno!" Pero no se oyeron portazos, ni las suaves pisadas de las zapatillas sobre las alfombras. Afuera llovía. La caja meteorológica en la puerta de entrada recitó suavemente: "Lluvia, lluvia, gotas, impermeables para hoy..." Y la lluvia caía sobre la casa vacía, despertando ecos.
Afuera, la puerta del garaje se levantó, sonó un timbre y reveló el auto preparado. Después de una larga espera la puerta volvió a bajar.
A las ocho y treinta los huevos estaban secos y las tostadas duras como una piedra. Una pala de aluminio los llevo a la pileta, donde recibieron un chorro de agua caliente y cayeron en una garganta de metal que los digirió y los llevó hasta el distante mar. Los platos sucios cayeron en la lavadora caliente y salieron perfectamente secos.
"Nueve y quince", cantó el reloj, "hora de limpiar".
De los reductos de la pared salieron diminutos ratones robots. Los pequeños animales de la limpieza, de goma y metal, se escurrieron por las habitaciones. Golpeaban contra los sillones, giraban sobre sus soportes sacudiendo las alfombras, absorbiendo suavemente el polvo oculto. Luego, como misteriosos invasores, volvieron a desaparecer en sus reductos. Sus ojos eléctricos rosados se esfumaron. La casa estaba limpia.
"Las diez". Salió el sol después de la lluvia. La casa estaba sola en una ciudad de escombros y cenizas. Era la única casa que había quedado en pie. Durante la noche, la ciudad en ruinas producía un resplandor radiactivo que se veía desde kilómetros de distancia.

"Las diez y quince". Los rociadores del jardín se convirtieron en fuentes doradas, llenando el aire suave de la mañana de ondas brillantes. El agua golpeaba contra los vidrios de las ventanas, corría por la pared del lado oeste, chamuscado, donde la casa se había quemado en forma pareja y había desaparecido la pintura blanca. Todo el lado occidental de la casa estaba negro, excepto en cinco lugares. Allí la silueta pintada de un hombre cortando el césped. Allá, como en una fotografía, una mujer inclinada, recogiendo flores. Un poco más adelante, sus imágenes quemadas en la madera, en un instante titánico, un niñito con las manos alzadas; un poco más arriba, la imagen de una pelota arrojada, y frente a él una niña, con las manos levantadas como para recibir esa pelota que nunca bajó.
Quedaban las cinco zonas de pintura; el hombre, la mujer, los niños, la pelota. El resto era una delgada capa de carbón.
El suave rociador llenó el jardín de luces que caían.
Hasta ese día, cuánta reserva había guardado la casa. Con cuánto cuidado había preguntado: "¿Quién anda? ¿Contraseña?", y al no recibir respuesta de los zorros solitarios y de los gatos que gemían, había cerrado sus ventanas y bajado las persianas con una preocupación de solterona por la autoprotección, casi lindante con la paranoia mecánica.
La casa se estremecía con cada sonido. Si un gorrión rozaba una ventana, la persiana se levantaba de golpe. ¡El pájaro, sobresaltado, huía! ¡No, ni siquiera un pájaro debía tocar la casa!
La casa era un altar con diez mil asistentes, grandes y pequeños, que reparaban y atendían, en grupos. Pero los dioses se habían marchado, y el ritual de la religión continuaba, sin sentido, inútil.
"Las doce del mediodía".
Un perro aulló, temblando, en el pórtico de entrada.
La puerta del frente reconoció la voz del perro y abrió. El perro, antes enorme y fornido, en ese momento flaco hasta los huesos y cubierto de llagas, entró en la casa y la recorrió, dejando huellas de barro. Detrás de él se escurrían furiosos ratones, enojados por tener que recoger barro, alterados por el inconveniente.
Porque ni un fragmento de hoja seca pasaba bajo la puerta sin que se abrieran de inmediato los paneles de las paredes y los ratones de limpieza, de cobre, saltaran rápidamente para hacer su tarea. El polvo, los pelos, los papeles, eran capturados de inmediato por sus diminutas mandíbulas de acero, y llevados a sus madrigueras. De allí, pasaban por tubos hasta el sótano, donde caían en un incinerador.
El perro subió corriendo la escalera, aullando histéricamente ante cada puerta, comprendiendo por fin, lo mismo que comprendía la casa, que allí sólo había silencio.
Husmeó el aire y arañó la puerta de la cocina. Detrás de la puerta, el horno estaba haciendo panqueques que llenaban la casa de un olor apetitoso mezclado con el aroma de la miel.
El perro echó espuma por la boca, tendido en el suelo, husmeando, con los ojos enrojecidos. Echó a correr locamente en círculos, mordiéndose la cola, lanzado a un frenesí, y cayó muerto. Estuvo una hora en el living.
"Las dos", cantó una voz.
Percibiendo delicadamente la descomposición, los regimientos de ratones salieron silenciosamente, como hojas grises en medio de un viento eléctrico...
"Las dos y quince".
El perro había desaparecido.
En el sótano, el incinerador resplandeció de pronto con un remolino de chispas que saltaron por la chimenea.
"Las dos y treinta y cinco".
De las paredes del patio brotaron mesas de bridge. Cayeron naipes sobre la felpa, en una lluvia de piques, diamantes, tréboles y corazones. Apareció una exposición de Martinis en una mesa de roble, y saladitos. Se oía música.
Pero las mesas estaban en silencio, y nadie tocaba los naipes.
A las cuatro, las mesas se plegaron como grandes mariposas y volvieron a entrar en los paneles de la pared.
"Cuatro y treinta"
Las paredes del cuarto de los niños brillaban.
Aparecían formas de animales: jirafas amarillas, leones azules, antílopes rosados, panteras lilas que daban volteretas en una sustancia de cristal. Las paredes eran de vidrio. Se llenaban de color y fantasía. El rollo oculto de una película giraba silenciosamente, y las paredes cobraban vida. El piso del cuarto parecía una pradera. Sobre ella corrían cucarachas de aluminio y grillos de hierro, y en el aire cálido y tranquilo las mariposas de delicada textura aleteaban entre los fuertes aromas que dejaban los animales... Había un ruido como de una gran colmena amarilla de abejas dentro de un hueco oscuro, el ronroneo perezoso de un león. Y de pronto el ruido de las patas de un okapi y el murmullo de la fresca lluvia en la jungla, y el ruido de pezuñas en el pasto seco del verano. Luego las paredes se disolvían para transformarse en campos de pasto seco, kilómetros y kilómetros bajo un interminable cielo caluroso. Los animales se retiraban a los matorrales y a los pozos de agua.
Era la hora de los niños.
"Las cinco". La bañera se llenó de agua caliente y cristalina.
"Las seis, las siete, las ocho". La vajilla de la cena se colocó en su lugar como por arte de magia, y en el estudio hubo un click. En la mesa de metal frente a la chimenea, donde en ese momento chisporroteaban las llamas, saltó un cigarro, con un centímetro de ceniza gris en la punta, esperando.
"Las nueve". Las camas calentaron sus circuitos ocultos, porque las noches eran frías en esa zona.
"Las nueve y cinco". Habló una voz desde el cielo raso del estudio: "Señora Mc Clellan, ¿qué poema desea esta noche?"
La casa estaba en silencio.
La voz dijo por fin:
"Ya que usted no expresa su preferencia, elegiré un poema al azar". Comenzó a oírse una suave música de fondo. "Sara Teasdale. Según recuerdo, su favorito..."

Vendrán las lluvias suaves y el olor a tierra
Y el leve ruido del vuelo de las golondrinas

El canto nocturno de los sapos en los charcos
La trémula blancura del ciruelo silvestre

Los ruiseñores con sus plumas de fuego
Silbando sus caprichos en la alambrada

Y ninguno sabrá si hay guerra
Ni le importará el final, cuando termine

A nadie le importaría, ni al pájaro ni al árbol,
Si desapareciera la humanidad

Ni la primavera, al despertar al alba,
Se enteraría de que ya no estamos.

El fuego ardía en la chimenea de piedra y el cigarro cayó en un montículo de ceniza en el cenicero. Los sillones vacíos se miraban entre las paredes silenciosas, y sonaba la música. A las diez la casa comenzó a apagarse.
Soplaba el viento. Una rama caída de un árbol golpeó contra la ventana de la cocina. Un frasco de solvente se hizo añicos sobre la cocina. ¡La habitación ardió en un instante!
"¡Fuego!" gritó una voz. Se encendieron las luces de la casa, las bombas de agua de los cielos rasos comenzaron a funcionar. Pero el solvente se extendió sobre el linóleo, lamiendo, devorando, bajo la puerta de la cocina, mientras las voces continuaban gritando al unísono: "¡Fuego, fuego, fuego!"
La casa trataba de salvarse. Las puertas se cerraban herméticamente, pero el calor rompió las ventanas y el viento soplaba y avivaba el fuego.
La casa cedió mientras el fuego, en diez mil millones de chispas furiosas, se trasladaba con llameante facilidad de una habitación a otra y luego subía la escalera. Mientras las ratas de agua se escurrían y chillaban desde las paredes, proyectaban su agua, y corrían a buscar más. Y los rociadores de la pared soltaban sus chorros de lluvia mecánica.
Pero demasiado tarde. En alguna parte, con un suspiro, una bomba se detuvo. La lluvia bienhechora cesó. La reserva de agua que había llenado los baños y había lavado los platos durante muchos días silenciosos se había terminado.
El fuego subía la escalera, creciendo, se alimentaba en los Picasso y los Matisse de las salas del piso alto, como si fueran manjares, quemando los óleos, tostando tiernamente las telas hasta convertirlas en despojos negros.
¡El fuego ya llegaba a las camas, a las ventanas, cambiaba los colores de los cortinados!
Luego, aparecieron los refuerzos.
Desde las puertas-trampa del altillo, los rostros ciegos de los robots miraban con sus bocas abiertas de donde salía una sustancia química verde.
El fuego retrocedió, como habría retrocedido hasta un elefante a la vista de una serpiente muerta. En ese momento había veinte serpientes ondulando por el suelo, matando el fuego con un claro y frío veneno de espuma verde.
Pero el fuego era inteligente. Había lanzado llamas fuera de la casa, que subieron al altillo donde estaban las bombas. ¡Una explosión! El cerebro del altillo que dirigía las bombas quedó destrozado.
El fuego volvió a todos los armarios y las ropas colgadas en ellos.
La casa se estremeció, hasta sus huesos de roble, su esqueleto desnudo se encogía con el calor, sus cables, sus nervios salían a la luz como si un cirujano hubiera abierto la piel para dejar las venas y los capilares rojos temblando en el aire escaldado. "¡Auxilio, auxilio!" "¡Fuego!" "¡Rápido, rápido!"
El calor quebraba los espejos como si fueran el primer hielo delgado del invierno. Y las voces gemían, "fuego, fuego, corran, corran", como una trágica canción infantil.
Y las voces morían mientras los cables saltaban de sus envolturas como castañas calientes. Una, dos, tres, cuatro, cinco voces murieron y ya no se oyó ninguna.
En el cuarto de los niños ardió la jungla. Rugieron los leones azules, saltaron las jirafas púrpuras. Las panteras corrían en círculos, cambiando de color, y diez millones de animales, corriendo frente al fuego, se desvanecieron en un lejano río humeante...
Murieron diez voces más. En el último instante, bajo la avalancha de fuego, se oían otros coros, indiferentes, que anunciaban la hora, tocaban música, cortaban el pasto con una máquina a control remoto, o abrían y cerraban frenéticamente una sombrilla, cerraban y abrían la puerta del frente, sucedían mil cosas, como en una relojería donde cada reloj da locamente la hora antes o después de otro. Era una escena de confusión maníaca, pero sin embargo una unidad; cantos, gritos, los últimos ratones de la limpieza que se abalanzaban valientemente a llevarse las feas cenizas... y una voz, con sublime indiferencia ante la situación, leía poemas en voz alta en el estudio en llamas, hasta que se quemaron todos los rollos de películas, hasta que todos los cables se achicharraron y saltaron los circuitos.
El fuego hizo estallar la casa que se derrumbó de golpe, en medio de las olas de chispas y humo.
En la cocina, un instante antes de la lluvia de fuego y madera, pudo verse al horno preparando el desayuno en escala psicopática, diez docenas de huevos, seis panes convertidos en tostadas, veinte docenas de tajadas de panceta, que, devorados por el fuego, ponían a funcionar nuevamente al horno, que silbaba histéricamente...
La explosión. El altillo que caía sobre la cocina y la sala. La sala sobre el subsuelo, el subsuelo sobre el segundo subsuelo. El freezer, un sillón, rollos de películas, circuitos, camas, todo convertido en esqueletos en un montón de escombros, muy abajo.
Humo y silencio. Gran cantidad de humo.
La débil luz del amanecer apareció por el este. Entre las ruinas, una sola pared quedaba en pie. Dentro de la pared, una última voz decía, una y otra vez, mientras salía el sol, iluminando el humeante montón de escombros:
"Hoy es 5 de agosto de 2026, hoy es 5 de agosto de 2026, hoy es..."
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lunes, 28 de febrero de 2011

Slender Man

Retomo la seccion de leyendas urbanas y hoax con una que se ha creado solamente a traves de Internet y que a pesar de la escasa información acerca del tema, es bastante escalofriante.


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POR FAVOR: Si van a postear esto en algún otro lugar como foros, taringa, etc. pongan la fuente por favor. No es la idea bloquear el contenido del blog, asi que por favor, un link al blog NO CUESTA NADA..
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El Slender Man(el hombre delgado) es un personaje FICTICIO que fue creado en el foro Something Awful en el hilo de "Create Images Paranormal" (hilo que, por supuesto,no esta)y se le describe como un hombre, obviamente delgado, vestido siempre con traje, al estilo de los "hombres de negro" o los agentes de Matrix. Puede estirar sus brazos y cuerpo hasta límites extraordinarios, e incluso crear tentaculos, todo esto lo usa para asustar y capturar a su víctima, la cual supuestamente queda en un estado hipnótico. No se sabe como este ser elimina a sus victimas, ya que no hay cuerpos ni pruebas, solamente desaparecen.Ademas, prefiere secuestrar a los niños, solamente puede ser visto por ellos, y no por los adultos.
Hasta ahi podriamos dejarlo, y la historia resulta totalmente inverosimil(mas similar a una version actualizada de "el cuco"). Pero existen supuestas fotos (a mi parecer, todas montajes)de este ser, y pruebas de que ha habido seres parecidos en la antiguedad y de que quizas no sea tan solo una leyenda urbana. Empezamos:





Supuestos grabados del siglo XV el 1º y del siglo XVII el 2º en que se aprecia una criatura similar a Slenderman. El primero se titula "El caballero" y muestra a un ser enfrentando a un caballero. Este usa sus brazos como lanzas. El segundo muestra a un niño siendo arrebatado a sus padres por un ser similar al de arriba, con multiples brazos, con forma de esqueleto.

En este punto, el lector Ernesto Barroso ha aportado un dato muy importante:


Resulta que ambas imágenes, idénticas a las que previamente mostré (excepto por el personaje que rapta al niño) pertenecen al dibujante Hans Holbein "El Joven", quien ilustró 52 imágenes sobre el tema de la danza macabra. La primera es llamada "El Caballero", y la segunda "El niño".

Por lo tanto, podemos descartar todas las suposiciones anteriores. Ambos pertenecen al "Totendanz" de Hans Holbein, aunque la segunda imagen probablemente sufrió algún retoque posterior.

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Esta foto en particular tiene una supuesta historia detras. Pongo la historia textual en la versión que circula por la red: "Una de las dos fotografías recuperadas del incendio de la biblioteca de Stirling City. Notable por ser tomada el mismo día que catorce niños desaparecieron por lo que se refiere como Slender Man. Las deformidades en el ser son nombradas defectos de la película por oficiales. El incendio en la biblioteca ocurrió una semana después. Fotografía actual confiscada como evidencia , Fotógrafo: Mary Thomas. Desaparecida desde el 13 de Junio de 1986."
No se especifica que biblioteca en Stirling se quemó,(hay varias en Stirling, aunque quizas no hayan sido construidas las otras para ese entonces, quien sabe) y en la historia de la ciudad no se hace alusion a ningun incendio. Por otra parte, la foto se ve muy dudosa......



No hay mas informacion de esta foto, aparte de que fue en una escuela en 1973, el incendio fue por causas desconocidas.
Tambien hay otras fotografias, en blanco y negro algunas, incluso supuestos dibujos de niños que han soñado con el.
Y por ultimo, hay una serie de videos "Marble Hornets", que relatan una serie de encuentros con este personaje.(al estilo Paranormal Activity). Es cosa de buscar en Youtube y la web para encontrar supuesta evidencia de la real existencia de este ser.

Pero creo que, finalmente, solo se quedara como una extraña leyenda urbana que nació en Internet como tantas otras. Empezando por el hecho de que su "nacimiento" fue como un ser ficticio, el cual adquirió un halo de misticismo tal que muchos lo toman por real. En fin...otro hoax.

Actualización 28/02/2011: "Just Another Fool" es una de las tantas historias que hablan del Slenderman. Un anónimo me dejo este link en el que traduce la historia del inglés. Aquí el link.

Hellsing

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Agradezco especialmente a todos los lectores y seguidores del blog, que han hecho de ésta la entrada más visitada y famosa; además se ha convertido en un punto de referencia para toda la red.

Gracias, sinceramente.
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miércoles, 12 de enero de 2011

El Ruende

Ok, luego de las mini-vacaciones de fin de año, vuelvo con un tema que no trataba hace un buen tiempo: La mitologia chilena. En este caso se trata de un ser de origen chilote y que no deja de ser curioso, remarcando una diferencia con respecto a otras criaturas miticas: el Ruende



Acerca de este ser mitologico, decir que no hay mucha informacion acerca de él. Sugeriria, si quisiesen leer algo mas acerca de el, que revisaran los libros de Oresthe Plath, en los que quiza haga alusion.
Bueno, al punto.
El Ruende, es un ser que adopta una forma similar a la de un perro, aunque nunca completamente definida. Este ser suele ayudar a las personas, y especialmente a los hombres, no haciendo tratos nunca con mujeres. La ayuda que proporciona el Ruende es sentimental: Le da una pareja que nunca podría conseguir sin su ayuda.

Se dice que las personas feas, o deformes, deben pedir ayuda a este ser, que les entregará una pareja. Para convocar a este ser, de apariencia canina, representado casi siempre de color gris o negro, con una larga trompa y mirada hipnotizadora, se debe acudir durante cuatro días al pie de un árbol llamado "Tique” a la hora del crepúsculo(medianoche), invocando el nombre del Ruende y asegurándose que el árbol esté a orillas de un riachuelo. Luego de esto el animal aparecerá a cierta distancia al anochecer del cuarto día.

El que lo ha convocado, debe señalar a la mujer que desea, y el Ruende acudirá a su casa en la noche. Una vez ahí la hipnotizará, y la obligará a besar su hocico, que contiene una sustancia llamada "Llapuy", utilizada por los brujos, para los mismos fines. La chica, se excitará al recibir dicha sustancia, y abandonará su hogar, siguiendo al Ruende hacia el árbol de tique, donde está el hombre que ha llamado al Ruende. Ahí, éste le entregará a su mujer, que quedará irremediablemente enamorada. Nótese que pese a su similitud, el Ruende y el Trauco, no son el mismo, en absoluto.

Una leyenda, poco conocida, de la tierra de Chiloé,pero que merece estar por su extraña naturaleza.

Hellsing
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sábado, 18 de diciembre de 2010

Muertos caminando en Indonesia?La tribu Toraja - Parte 2

Link a la parte 1: Enlace

Hablaba del sacrificio de animales al finalizar el anterior post. Este se realiza de forma un tanto cruel y macabra. El ritual consiste en acercar el búfalo a la puerta de la casa del difunto, luego una persona le corta la yugular, el búfalo se defiende y con el cuello abierto y chorreando sangre, sigue saltando, intentando escapar, haciendo la ilusión de que el buey camina estando muerto. Cuando cae finalmente, se va a por el siguiente. Los cuernos de los toros serán cortados y puestos en la puerta de la casa del difunto. El ritual fue regulado por el gobierno y ahora solo se permite el sacrificio de 40 reses.(el gobierno también influyo en el termino de la caza de cabezas, popular en algún tiempo)



El entierro no puede ser realizado hasta que la familia disponga de la cantidad suficiente de bueyes/toros. Hasta ese momento, el muerto deberá permanecer en la casa("tongkanan",en forma de barco recordando a sus orígenes) por todo el tiempo que sea necesario.
Una vez realizado el ritual sera llevado a su tumba donde permanecerá hasta lo mencionado en el anterior post.

Esta realidad, sin embargo se mezcla con el mito que cuenta, que antiguamente, no se disponían de suficientes medios para mover a los muertos hacia sus tumbas en las montañas. Entonces, "mediante magia negra", se reanimaba el cadáver, haciéndolo caminar, con rostro inexpresivo y paso lento, hacia su villa de origen, para realizar los ritos correspondientes. Se decía que si alguien intentaba hacer contacto con el muerto, le hablaba o se cruzaba en su camino, este caería al suelo y se vería imposibilitado de hacer su retorno al hogar.

Para mi esa parte es solo una leyenda, exagerada (hay vídeos en YouTube que muestran supuestamente a los muertos caminar, la mayoría son fake, y entre uno de ellos, creo que lo mostré aquí como parte del post "Animales semejantes a humanos", y creo que mencione que era muy dudoso...)y asociada al rito de sacar a los muertos para limpiarles, o mantenerlos en casa hasta poder enterrarlos.
Este
Con todo, el rito funerario es real y adjunto, a continuación, imágenes relacionadas.

"Tarra", tumba de niños, ubicada en los bosques. Este ritual no se realiza hace mas de 20 años.


Las casas de Toraja, en forma de bote, recordando su llegada a la isla


Los bueyes del sacrificio(las demas fotos eran un tanto fuertes


Especies de tribunas o balcones donde son instalados los Tau-Tau o estatuillas.


Las famosas tumbas en la roca...

Hellsing

Fuentes:mapahumano.fiestras.com,auremg.blogspot.com,latercera.com,theworldbeyondus.com
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